El presidente de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM), Roberto Cacciola, aseguró que el país atraviesa un momento “especial” para el desarrollo de la minería, impulsado por el crecimiento del litio, la maduración de grandes proyectos de cobre y un renovado interés de los inversores internacionales. En una entrevista realizada durante el ciclo Cronista Studio, destacó el impacto del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), la necesidad de fortalecer la infraestructura y la importancia de integrar a la industria nacional a la cadena de valor minera.
Según Cacciola, la minería argentina atraviesa un escenario que pocos imaginaban apenas algunos años atrás. El dirigente señaló que existe un interés generalizado de los mercados internacionales por invertir en el país, impulsado por una combinación de estabilidad macroeconómica, cambios regulatorios y mejores perspectivas para el desarrollo de proyectos de gran escala.
En ese contexto, remarcó la evolución del litio como uno de los principales motores del sector. Recordó que en 2022 Argentina contaba con apenas dos proyectos en producción y que actualmente ya son siete. Ese crecimiento permitió pasar de una producción anual de 35.000 toneladas de carbonato de litio a unas 116.000 toneladas proyectadas para 2025.
“Si se consolidan las ampliaciones de los proyectos que ya están operando y se suman los nuevos desarrollos, Argentina podría superar las 300.000 toneladas anuales hacia 2033 o 2034, convirtiéndose en el primer o segundo productor mundial de litio”, afirmó.
Sin embargo, para el presidente de CAEM, el verdadero salto de la minería argentina llegará de la mano del cobre. En ese sentido, reveló que actualmente existen siete proyectos listos para ingresar en etapa de construcción, de los cuales seis son de clase mundial por su tamaño y potencial productivo.
Cacciola atribuyó este nuevo escenario a tres factores clave. El primero, dijo, es la búsqueda de estabilidad macroeconómica y equilibrio fiscal, una condición largamente reclamada por los inversores. El segundo es la puesta en marcha del RIGI, que incorpora herramientas destinadas a fortalecer la seguridad jurídica y mejorar la competitividad del país frente a otros destinos mineros de la región, como Chile y Perú. El tercero son los cambios orientados a generar condiciones tributarias más atractivas para los grandes proyectos.
“El gran problema de Argentina durante muchos años fue que dejó de cumplir compromisos asumidos con inversiones que habían tomado decisiones bajo determinadas reglas de juego. Eso hizo que el país perdiera credibilidad”, señaló.
Respecto de las proyecciones de inversión, Cacciola consideró que el principal desafío será acompañar el crecimiento minero con infraestructura adecuada. En particular, mencionó la necesidad de mejorar rutas, ampliar la red ferroviaria y garantizar el abastecimiento energético.
“El desarrollo de los proyectos y de la infraestructura tendrá que ocurrir de manera simultánea. No hay posibilidad de que una cosa suceda primero y después la otra”, explicó.
Asimismo, sostuvo que el país debe prepararse para gestionar una “crisis de crecimiento” derivada de la magnitud de las inversiones previstas y trabajar de manera coordinada entre el sector público y privado para evitar cuellos de botella.
Sobre el futuro del RIGI, cuya vigencia tiene plazo determinado, el titular de CAEM afirmó que será importante avanzar en mecanismos que permitan sostener la competitividad de largo plazo del país. Entre ellos, destacó la incorporación permanente de herramientas vinculadas al arbitraje internacional y a la libre disponibilidad de divisas dentro de la Ley de Inversiones Mineras.
En cuanto al cobre, las cifras proyectadas son contundentes. Cacciola estimó que, una vez que los siete proyectos actualmente más avanzados alcancen su régimen de producción, Argentina podría pasar de exportar prácticamente cero cobre a producir entre 1,4 y 1,5 millones de toneladas anuales.
Ese volumen representaría exportaciones por entre US$ 18.000 y US$ 20.000 millones al año y colocaría al país entre los principales productores mundiales, con una escala equivalente a entre el 25% y el 30% de la producción chilena actual.
El impacto también se vería reflejado en el empleo. Según las estimaciones de CAEM, durante la etapa de construcción los proyectos podrían generar entre 125.000 y 130.000 puestos de trabajo directos e indirectos. Una vez en operación, el sector sostendría entre 90.000 y 100.000 empleos.
Finalmente, Cacciola insistió en la necesidad de desarrollar proveedores locales competitivos para maximizar el impacto económico de la actividad. Para ello, consideró fundamental fortalecer la capacitación, elevar los estándares de seguridad, calidad y cumplimiento normativo, y reducir los costos que hoy dificultan competir con proveedores internacionales.
“Tenemos que pensar una minería para los próximos cien años. Lo que vemos hoy es apenas el comienzo de un proceso que puede transformar la estructura productiva de Argentina si logramos sostener las condiciones de competitividad y previsibilidad”, concluyó.